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¿Venderías tu restaurante por 400 millones?

25 jul
5 min de lectura

Hace unas semanas publiqué dentro de la membresía un vídeo muy extenso analizando el modelo de negocio de La Casa de Toño.


Para quienes no sean de México, La Casa de Toño es una cadena de restaurantes tremendamente popular en la Ciudad de México. Su especialidad es el pozole, una sopa tradicional mexicana, aunque también vende quesadillas, flautas, sopes y otros platos bastante sencillos a precios accesibles.


Comenzó en 1978, cuando Marco Antonio Campos (Toño) empezó a vender quesadillas y tacos en un puesto de la calle con los guisos que preparaba su familia.


Casi cincuenta años después, tiene 81 sucursales solo en la CDMX y su área metropolitana. Pero esta semana se ha sabido que podría estar en venta por más de 400 millones de dólares.


Según la información publicada, la familia propietaria habría contratado a BBVA México como asesor financiero para explorar la operación. Entre los posibles compradores se encuentra Grupo Gigante, que ya ha confirmado públicamente que está realizando una evaluación inicial y preliminar.


Por ahora no hay ningún contrato firmado, no se ha acordado un precio y ni siquiera existe la certeza de que la compra termine concretándose.


Hago un inciso aquí, para quienes tampoco conozcan a Grupo Gigante. No estamos hablando precisamente de cuatro amigos que se han levantado una mañana pensando que estaría bien comprar una pozolería.


Gigante es uno de los grandes grupos empresariales mexicanos. Opera Office Depot y tiene una división de restauración con marcas como Toks, Shake Shack y Panda Express, entre otras.


Saben comprar empresas, saben operar cadenas y saben expandir conceptos.


Bastante más que la mayoría de nosotros, desde luego.


Digo esto porque, en cuanto apareció la noticia, una parte de internet empezó a reaccionar como si la venta significara automáticamente el final de La Casa de Toño.


La gente hablaba de que van a industrializarla, que van a convertirla en otra cadena sin alma o que Toño no debería vender.


Entiendo de dónde viene esa reacción, pero hay que reconocer una cosa:


La Casa de Toño ya está industrializada.


No operas 81 restaurantes, atiendes filas enormes, mantienes precios accesibles y sacas pozoles de la cocina a esa velocidad sin estandarización, controles, compras centralizadas, formación y procesos muy bien definidos.


La Casa de Toño ya es una cadena, y una muy buena.


Lo extraordinario es que ha conseguido convertirse en una cadena sin parecer una marca diseñada por un grupo de ejecutivos en traje alrededor de una mesa.


Cualquiera que haya ido sabe cómo funciona.


Llegas y, aunque haya una fila enorme, avanza.


Te sientas y el servicio va rápido.


Los platos salen de la cocina uno detrás de otro.


Antes de que termines de decidir, alguien ya ha pasado junto a tu mesa con una bandeja de crema para intentar vendértela.


Todo parece sencillo, pero debajo hay una operación que funciona como un reloj, y es precisamente por eso que la analicé en la membresía.


El mérito de un negocio como La Casa de Toño no está solamente en que su pozole guste, sino en haber encontrado una manera de servir comida mexicana popular, rápida y accesible miles de veces al día sin perder una identidad muy concreta.


Y eso es lo que alguien como Grupo Gigante estaría comprando.


Estaría comprando una marca que millones de personas ya conocen, un sistema que ha demostrado que puede repetirse y, sobre todo, todo el crecimiento que todavía queda por delante.


Según la información publicada, la valoración esperada superaría ocho veces los beneficios ajustados de la compañía, aproximadamente el doble del múltiplo de grandes operadores regionales como Alsea (Starbucks, Domino’s Pizza, Burger King) y Arcos Dorados (McDonald’s).


Es decir, no parece precisamente una operación barata, pero tampoco cuesta demasiado entender el interés.


Las 81 sucursales de La Casa de Toño siguen concentradas en Ciudad de México y sus alrededores. Y México es bastante más grande que Ciudad de México, aunque a veces desde la capital cueste recordarlo.


La cadena todavía tiene gran parte del país por explorar y, según las presentaciones preparadas para los inversores, también existe la intención de expandirla por Estados Unidos y Latinoamérica.


Y a ver… aquí empieza mi conflicto, porque una parte de mí espera que no vendan.


No sé qué planes tienen en Gigante, qué números han visto ni qué estructura podrían construir alrededor de la marca. Tampoco conozco la situación personal de la familia propietaria.


Quizá llevan años recibiendo ofertas y simplemente ha llegado el momento de retirarse.


Quizá no existe una nueva generación que quiera dirigir la compañía.


Quizá expandirse fuera de su mercado actual requiere una cantidad de capital, talento y riesgo que ya no quieren asumir.


Y después de casi cincuenta años construyendo el negocio, nadie podría reprocharles que quisieran vender, reducir riesgos y asegurar el patrimonio de varias generaciones.


Y es que se está hablando de una venta de más de 400 millones de dólares.


No voy a hacerme el interesante diciendo que deberían rechazar la oferta como si fueran 50 pesos encontrados en el pantalón. Pero aun entendiendo todo eso sigo teniendo la sensación de que La Casa de Toño podría estar a punto de venderse justo antes de empezar el capítulo más grande de su historia.


Hasta ahora ha conseguido convertirse en uno de los grandes referentes de la comida mexicana popular sin haber salido prácticamente de su mercado de origen.


Ha crecido de forma gradual, ha generado miles de empleos, ha construido una marca reconocida y ha demostrado que la cocina mexicana también puede convertirse en una operación de escala sin tener que transformarse en comida rápida estadounidense al estilo Taco Bell.


Por eso me gustaría verla crecer por el resto de México manteniéndose como una empresa familiar e independiente.


He leído a varias personas decir que esperan que continúe siendo una compañía “100% mexicana”. Y técnicamente si la compra Grupo Gigante, seguiría siendo mexicana… lo que dejaría de ser es familiar e independiente. Y esa diferencia importa.


Cuando una gran compañía compra una marca, normalmente promete que conservará su esencia. Y puede que lo consiga. Grupo Gigante tiene experiencia, recursos y probablemente una capacidad mucho mayor para abrir restaurantes por todo el país y llevar la marca al extranjero.


Puede que dentro de diez años haya Casas de Toño en Monterrey, Guadalajara, Miami, Madrid y Buenos Aires, y que la operación sea todavía mejor que hoy.


Ojalá.


Lo que me genera dudas es que la esencia de un restaurante rara vez aparece en una hoja de cálculo que revisas en una junta, sino que está repartida entre cientos de pequeñas decisiones que se han tomado durante décadas.


En la extensión de la carta, en la forma de recibir al cliente, en el precio que se decidió no subir tanto como se podía, en los productos que nunca se añadieron, en la velocidad del servicio…


Vistas desde una oficina, algunas de esas decisiones pueden parecer antiguas, ineficientes o poco escalables. Y quizá lo sean, pero también pueden ser exactamente las cosas que hacen que el cliente siga regresando.


Por eso el verdadero reto para Grupo Gigante no sería abrir más sucursales, eso seguramente saben hacerlo. El reto sería expandir La Casa de Toño sin convertirla en otra cadena más. Conservar suficiente control para que todo funcione, pero suficiente rareza para que siga siendo especial.


Pero bueno… ¿deberían vender o no?


Pues con 400 millones de dólares sobre la mesa, probablemente yo también vendería.


Pero hay algo que no debemos olvidar: cuando alguien ofrece comprarte una empresa, no solo está pagando por lo que ya construiste. También está intentando quedarse con una parte de lo que cree que ocurrirá después.


La familia podría vender hoy y cerrar una historia empresarial extraordinaria. Y Grupo Gigante podría comprarla, expandirla y multiplicar su valor.


Ambas partes podrían estar tomando una decisión perfectamente racional.


Aun así, una parte de mí quiere ver hasta dónde puede llegar La Casa de Toño sin dejar de ser la casa de Toño.


Gran domingo.


— Alex


PD: Si no tenías ni idea de qué era La Casa de Toño y has llegado hasta aquí, quizá te interese ver el análisis que hicimos dentro de la membresía. Es un negocio del que podemos aprender muchísimo.

 
 
 

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